Días azules, días de amores y Aute.

Didier Lourenço – Dreaming California

Siempre pensé que Luis Eduardo Aute es el cantautor indicado para escuchar en estado de obnubilación, de desconcierto, de casi amor, y de amor también. Es imposible no caer en el aroma de sus letras, ni abstraerse de la dulzura de su voz.

Mi percepción de que el cantautor se muestra auténtico mediante sus letras es otro atractivo que veo en él.

Ay de ti…

es el reflejo del amor que vuelve, sin mayores explicaciones ni razonamientos. Es que en algún momento el amor y el raciocinio fueron de la mano?

El error más grande puede llegar a ser escaparse.

…Ay de mi.

Didier Lourenço – Tu te quedas

Y yo que estaba de vuelta

de todas las idas

con el alma herida

te quiero, ya ves.

Seré lo que tú prefieras

tu luz o tu sombra

o acaso una alfombra

besando tus pies.

Ay de ti, ay de mí,

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Rubén Pinella: Pueblos en blanco y negro.

Soy de un pueblo, no lo puedo evitar. Uno no puede deshacer de donde viene, y llegado el momento tampoco quiere.

Un pueblo de ninguna manera es un country, tampoco es un barrio dentro de una ciudad. Al pueblo se llega o bien por nacimiento o casi por error, situación que los años tratan de enmendar, muchas veces sin lograrlo. Es tan difícil a veces llegar como salir. Pero una vez que uno se fue, siempre quiere volver.

Un pueblo es un lugar con pocas fronteras, con algunos barrios, una o dos plazas y todos sus condimentos rodeándola. Las escuelas no son muchas, casi siempre las que hay alcanzan y sobran. En ellas puedes tomar por primera vez una cascarilla o un mate cocido con leche, te puedes enamorar del hijo de la portera o de la vice directora.

El domingo, el sonido primordial, es el de la campana de la iglesia. Saludo matinal que intenta reunir a los fieles e infieles. La ubicación en los bancos será estratégica al momento de darse el beso de reconciliación.

Cada pueblo tiene su aroma según su ubicación y su actividad primordial: campo, chacras, más o menos verde, más o menos sequía o lluvias.

Pero, como hace muchos años que es pueblo y no puede torcer su destino, los abandonos se encuentran en cada esquina. Son esos lugares que en alguna época resplandecieron, y estaban llenos de ruidos y sueños de progreso.

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La plaza versión remixada

Abril en Paris – Toby Vandenack

Versión remixada…

En fin, no nos vamos a poner a revisar las anteriores versiones que escribí sobre la plaza y su comunidad. La cuestión es casi siempre la misma para quien no advierte los detalles.

La plaza es la misma, las calles y sus nombres siguen allí para delimitarla. Apenas marca el pulso del tiempo por el color amarillento de las hojas de los árboles.

Pero una plaza, no es la misma de mañana que de tarde, ni un día de semana que un domingo.

Mis últimos entrenamientos me han llevado a conocer la plaza varios días de domingo seguido. Y notablemente, han cambiado los matices que yo tenía de ella a medida que me daba más tiempo para respirar en ella.

Las primeras veces, apurada por correr y elongar lo justo y necesario, no me detuve mucho en nada. El clima, las hojas y las personas eran ajenas a mí, como si realmente estuviese corriendo dentro de una burbuja.

Pero por alguna razón, el hechizo se hizo presente, y como un chicle intentó mantenerme más tiempo pegoteada en el medio, tanto que hoy pensé que no podría despegarme ya del banco rojo en donde terminé plácidamente acostada, como si solo existiéramos la plaza y yo en varios kilómetros a la redonda.

Luego de salir volando con varios gorriones y deslizarme por los baldosones rojos con las hojas caídas, mi vista se posó sobre los otros seres vivientes.

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