Echando mano a la vía de la exigencia

El lunes amaneció como casi todos los últimos días: soleado. Para ser una persona a la que el clima le pasaba exactamente por el costado, bastante consciencia climática estaba teniendo últimamente.

No estar al tanto de la actualidad meteorológica es todo un problema. Ya el pilar básico de todo inicio de comunicación entre dos seres humanos ortodoxos resulta ser un fiasco.

En mi casa de la infancia se debía hablar mucho del clima, ya que está constatado que hablar del clima obstruye cualquier otro síntoma que haga hablar de algo más profundo. Sentimientos? No, qué es eso.

En plan de obstrucción de sentimientos y crisis está la exigencia.

No hay nada mejor que la exigencia, el orden, las manías y los horarios para tapar cualquier exceso de vapor que salga de la olla a presión -guarda con la olla que puede colapsar-.

Plan para tapar cualquier síntoma que le pida a uno que debe de hacer algún cambio de rumbo:

Nota: este plan está ideado para una mujer, preferentemente de mediana edad y que pulule entre una doble vida: trabajar fuera y dentro de casa, qué pensaron?

Levantarse temprano. Nunca está de más hacerlo. Primero porque para cuando salimos de casa la cara se deshinchará lo suficiente como para no parecer una esponja con retención de líquidos.

Para tapar cualquier pensamiento tempranero e incluso para no recordar algún sueño disparatado de la noche anterior, recomiendo desayunar -se lavaron los dientes primero?- mirando alguna serie de Warner, tipo Gilmore Girls. Pueden anotar algunas frases magistrales que les sirvan de respuesta durante el resto de la jornada. Hay algunas utiles para quien padezca de alguna madre manipuladora.

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