La mirada

Hace unos días hacía referencia a la mirada, por medio de un tema de Aute –Acaso-.

He llegado a la conclusión de que tanto la mirada como el acaso son fundamentales para sostener la utopía de la comunicación sin palabras.

Por qué digo esto? Pues, porque como buen perro que soy, mi expresión es totalmente corporal, y las palabras no salen de ninguna manera en el momento indicados ni en el tono adecuados.

Esta complicación en la comunicación, es todo un tema. Sobre todo cuando se conoce a una persona nueva. Cómo demostrar agrado?

Las personas hemos pasado por alto miles de signos vitales que marcan nuestras vidas, uno de ellos y primordial es el lenguaje de los ojos, otro es la intuición.

Hemos apartado tanto a la intuición, que cuando creemos que nos tocan timbre no estamos seguros de si sonó o no.

Esa energía magnética que puede haber entre dos personas que recién se conocen, apenas si es percibida por unos pocos afortunados que a veces se tiran a la pileta.

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Mes lunar del dragón para el perro

Qué le pasa en abril al perro?

Buena pregunta. Antes de entrar a citar a las fuentes que realmente saben del tema, quiero proponer mi percepción personal.

Abril está regido en mayor parte por el dragón.

Para un perro nacer en el mes del dragón es casi una fatalidad, o un desafío, según por el lado que se lo mire.

Por qué? Porque el dragón es nada más ni nada menos que la noche del perro, el opuesto, la antítesis. El animal mitológico que vomita fuego poco tiene que ver con el perro que anda por la vida sin tanta pompa.

En la astrología china, el mes de nacimiento es el pilar del mes, y este rige los años de la infancia. Traduciendo: un perro que nace en el mes del dragón ha de tener acontecimientos súbitos e inesperados. En la misma tendencia podemos decir que el año del dragón para el perro no sólo está plagado de estos acontecimientos sino que también es un año de revisión y crisis. Achicando la historia al mes lunar del dragón, abril es como un dolorcito de cabeza para el perro.

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El cuestionario

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Abrí los ojos. A mí alrededor podía ver un despacho, con un escritorio y una silla. El lugar era totalmente gris, digno de la sobriedad de una oficina pública.

Siempre odié los grises y los blancos. Mi padre siempre se vistió de gris, eso hacía que sus ojos celestes empalidecieran por el reflejo de la vestimenta. Un hombre gris, fundando una familia gris.

La paleta de colores era tan exquisita… los que pintaban solo en esos colores debían hacer un viaje a África o alguno de esos lugares exóticos en donde el mar aún tiene color de océano y la vegetación hace honor a todos los tonos de verde que existieron en la vida. La vida…

De pronto me sentí mareada. Yo estaba recostada en una especie de camilla -gris- que estaba situada justo enfrente a una puerta. Dos ventanas y el vidrio de la puerta estaban tapadas con persianas americanas plásticas color gris. Indudablemente alguien se había preocupado de cuidarlas bien, ya que esa antigüedad ya no existía.

A medida que se me pasaba el mareo, me di cuenta que cada pequeño objeto de la habitación me recordaba algún momento en mi vida. Esas malditas persianas americanas correspondían al primer negocio que tuve, una costosa donación en vida del hombre gris. En ese momento esa clase de cortinas se utilizaba para frenar la entrada de sol y rodeaba todo el edificio que se hallaba en una esquina.

El escritorio metálico gris de la habitación no era otro que el mío. Lo había heredado del dueño del comercio en cuestión. Siempre me pareció horrible. Los cajones nunca cerraron bien y tenía un vidrio con una pana verde -tipo billar- encima. Nunca lo cambié, fundamentando mi decisión en el Feng Shui: si el escritorio perteneció a una persona exitosa económicamente quédatelo. Ahora que lo pienso, recuerdo que este pobre infeliz tenía plata, pero su vida y su vestimenta eran totalmente grises, su mujer terminó a muy temprana edad en un geriátrico y el pululaba entre visitas de domingo al lugar y varias opciones de caras amargas el resto de la semana.

Estaba tan compenetrada en los objetos del lugar que aún ni me había preguntado donde estaba. Cuando pude pararme, me acerqué a una enorme biblioteca que había sobre una de las paredes, pude reconocer todos mis libros, más otros heredados del hombre gris. Miles de horas de lectura, miles de horas navegando en otras historias. Mientras la literatura del hombre gris pululaba entre política y algo de sociología, lo mío era más inconstante: sexo, novelas, psicología, astrología… Ahora que lo pienso, más que inconstancia era curiosidad.

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