Esto se está hundiendo


Corre el año 1984, Serrat tiene en su haber cuarenta años de vida. Y presenta “Fa vint anys que tinc vint anys”, su último álbum grabado en catalán.

Así describe el autor a esta canción titulada: “Això s’està ensorrant”

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Una reina: la duda

Sabrán los miserables que son miserables? Los pobres de espíritu que tienen esa deficiencia? Los intolerantes, los mentirosos, los egoístas, los desamorados, los … los…

Al reflejarse en el espejo uno ve la propia realidad, la percepción personal que se va sosteniendo a fuerza de repetir las propias verdades que no son las de los demás.

Cada individuo circula con su propia vestimenta, un almita dibujada con colores personales, disfrazada con artilugios que se van convirtiendo en verdaderos. Tanto dibujar y pintar, tanto buscar indumentaria, tanto creer en uno mismo, para forjar una imagen que apenas si se refleja cuando nos miramos en el espejo.

Tanto camino recorrido, buscando senderos que nos lleven a la justicia propia, al silencio que permita escucharnos…

Tal vez algunos nacimos para estar solos, para no escuchar lo que nos tienen que decir, lo cual podría llegar a desarmar inmediatamente todo lo que teníamos estructurado… o no, con actitud cerrada podemos lograr seguir rodeados por nuestra muralla.

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Misión: eternidad….

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Mientras algunos están muy preocupados por el pasado, otros están muy preocupados por el futuro.

Cuando pensamos en el final de nuestros días, creo que la mayoría decimos: “Que sea rápido”. Y muchos debemos querer también supervisar hasta el último detalle de nuestro comienzo de ausencia en este mundo. Creo que tendríamos que tener alguna yapa de dos o tres días para corroborar que nuestros deseos se cumplen al pie de la letra, de paso podemos echarle algún que otro latiguillo a alguna personita de poco agrado que esté exprimiendo cebollas.

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“Todo ser humano tiene la posibilidad de superarse, pero hay que esforzarse”

Señor Director:

“Para los ojos de la sociedad, hace 20 años que soy una empresaria exitosa, docente respetada, voluntaria dedicada, madre cariñosa y con el broche de oro de ser una «gringa» cuyo aspecto físico «le facilitaron las cosas». Sin embargo, hace 22 años viví en la calle con mi hijo recién nacido, en el más profundo desamparo.

“Mi caso forma parte de las típicas estadísticas: rotura de vínculos familiares, profunda ignorancia, baja autoestima y leyes incoherentes. Si bien encontré más solidaridad entre mis pares indigentes que entre algunos colegas empresarios, el desamor que se vive en el remolino existencial que nos empuja al desamparo es algo tan doloroso que ningún dinero del mundo logrará sanarlo.”

Ruth L. Ramanauskas
ruthiekas@yahoo.com

Carta publicada por el diario La Nación.

Hay historias que parecen sacadas de algunos de esos libros de autoayuda que provienen del Norte. Casi siempre son personas que llegan a extremos absolutos, al fondo del pozo y luego resurgen para alcanzar cimas insospechadas. Casi siempre el protagonista es de otro lugar, ya que en este país nos consolamos con que estas cosas no pasan, pero parece que sí, el ejemplo de Ruth es que se puede, no importa el punto cardinal. El instinto de superación y supervivencia es más fuerte…

Esta es la nota extraída en su totalidad de Clarín

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Una pequeña historia de casi amor

Mientras él estaba atrapado en una vida sinsentido; ella soñaba con terminar de aplacar su vida y darle la resolución del final feliz.

Mientras él esperaba por enésima vez que cambiara el año, las estrellas, el signo y la presidencia; ella se golpeaba con las múltiples responsabilidades de todos los días.

Mientras él se acostaba soñando con una mujer amada, ella soñaba con un hombre que la protegiera.

Mientras él esperaba que el destino entrara en razones; ella ocupaba su mente de trabajo todos los días.

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Simples reflexiones

La mañana ya estaba lejos. De pronto la euforia y el entusiasmo de esas horas se habían disuelto. Al parecer lo que parecía tan claro empezaba a disolverse con la bruma de los minutos transcurridos.

Traté de focalizar y volver a esa perspectiva, tal vez pudiera recobrar el impulso…

El camino de la introspección muchas veces suele parecer un camino sin retorno. La seguridad que brinda la estadía con uno mismo va tornando nuestras pieles áridas, y de pronto un simple cambio de prendas o subirse a un calzado alto no alcanza para reinsertarse en la interacción humana.

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