Demoliendo Hoteles Chapter Two

Hace unos días hablaba del Deroombing, este fenómeno nuevo de demoler edificios para sacarse el estrés de encima. Hoy en 20 minutos aparecieron los testimonios.

Primero: dice que la experiencia es igual a un orgasmo

Segundo: el mismo del orgasmo es Argentino!!!

Pero si los argentinos hemos nacido estresados!! Y lo peor de todo es que parece que ni yéndose del país se cura!

Aquí la nota:

Jorge Costa nunca pensó que romper el bidé de la habitación 205 del hotel Alcalá sería… «¡Igual que un orgasmo!».

Este argentino de 26 años, enfermero en paro, se encontraba tan agobiado que acudió a la llamada de la cadena hotelera NH que buscaba a personas estresadas para hacer un Deroombing, echar abajo su establecimiento de la calle Alcalá, 66 como parte de un terapia para liberar tensiones.

Jorge junto con otros 29 angustiados, no dudó en calzarse botas, mono, casco y, maza en ristre liarse a golpes para liberar tensiones. Y ha juzgar por sus caras parece que lo consiguieron. «Cada vez estoy más relajado», decía ayer Jorge tras arramblar con el baño de la habitación 205.

A Ander Tomás, un estudiante cuyo máster le tiene «quemado», lo que más le desestresó fue «romper el espejo del baño, si me dejan voy a por otro», decía ayer entre sudores.

Entre los agobiados había de todo. Félix, taxista «con alma de roquero» de 45 años, tenía el sueño de ser «como los Rolling Stones que destrozan las habitaciones de los hoteles cuando están de gira».

“Quiero ser como los Rolling que destrozan los hoteles cuando están de gira” (y por qué no citar a Charly García?)

Calificó el Deroombing de «privilegio mundial» para soltar la adrenalina que acumula cada vez que va «por la M-30».

La mayoría de estos obreros por un día se cebaron con el cuarto de baño y con la televisión: «Es algo muy simbólico».

Aunque «he roto platos con amigas», Gala San Miguel, de 30 años y publicitaria, asegura que «esto de destruir me gusta más de lo que esperaba».

Tras la liberación de endorfinas, el hotel les invitó a desayunar para recuperar fuerzas.

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“Sabes, tengo que contarte algo…

.. he tenido un sueño. Soñé que abrazaba ese sueño de dedicarme a la música. Que encontraba canciones con las que sentirme acompañado. Canciones que tratan de abrir ventanas a la esperanza.”

Así comienza Ismael Serrano una serie de videos que pueden ver en ismaelserrano.com.

Son los avances de grabaciones, ensayos y relatos de su material discográfico de este año.

Confieso que entré a la página en busca de un respiro a mi mente, que a veces me hostiga y mucho. Y de verdad lo encontré. Escuchar la voz de alguien familiar, que va compartiendo sus cosas con su público. Es que Serrano tiene mucho de eso. Le gusta acompañar sus cds con videos, con entrevistas, intercambiar narraciones entre tema y tema, comunicarse. Definitivamente es un gran narrador.

Del trabajo Naves Ardiendo más allá de Orión, elegí este tema que se llama El virus del miedo.

Es un poco lo que le está pasando a muchas personas, esos gestos combinados con fobias y depresiones, que hace que uno no quiera salir de su casa, termine relegado de vivir, sin ánimos, sin amores, sin contactos, olvidándose del mundo. Es una pena que un abrazo no pueda curar este virus.

 

 

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Miedo – Milán Kríz

 

El Virud del Miedo

Lo amaban, ni más ni menos,
y se sacaba cada mañana
las espinas del sueño.
Juraba y maldecía
y se enredaba en la alambrada
de la mansa rutina.

Vivía como tú o como yo.
Los viernes por la noche
iba a buscar a su amor.
Fumaba tranquilo,
planeaba la semana
y ella le arrancaba el cigarro
y lo besaba.

Y un día lo mordió el virus el miedo.
Entendió que las mujeres
nunca tienen dueño.
Y temió que ella marchase,
que se agotase el manantial
sin un por qué.
Venció el miedo y faltó a la última cita,
no descolgó el teléfono
que aullaba en la mesilla.
Y el temor a la derrota
lo agarrotó como un calambre,
sin un por qué.

Duro, intenso y precario…
Se enfrentaba cada día
al oleaje en el trabajo.
Y una mañana la cobardía
lo paralizó en la puerta
y no entró a la oficina.

Volvía a despertar
y empezaba el periódico
como tantos -por detrás.
Vio y sintió la noche
del planeta y su desastre,
tuvo miedo y decidió
no salir a la calle.

Y ahí lo tienes encerrado en casa,
temblando como un niño,
sellando las ventanas,
para no ver, ni escuchar,
sentir, notar la vida estallando fuera.
Por miedo a sentir miedo
fue a la cama,
como una oruga se escondió
y envuelto entre las mantas
se durmió,
hizo humo el sueño
y se olvidó del mundo
por miedo a despertar.

 

Aún sigue dormido.
Pasaron los inviernos
y aún sigue escondido,
esperando que tu abrazo
le inocule la vacuna
y elimine el virus del miedo
y su locura.

 

 

 

 


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