Remember

68752561_10216850822516353_8494771817666314240_n
¿Cómo se borran los recuerdos? me preguntaste.
No se borran. Al menos los de amor, los de desamor, la angustias anudadas que provocaron la ausencia de besos un sábado a la tardecita, las ganas de más, la confirmación de menos, eso no desaparece.
Si empezaran siquiera diluirse con la des-memoria, sería como una hecatombe, como el mar que se escurre por un agujero al costado del planeta, sería un alzheimer choto y colectivo inundando la biblioteca nacional, arrasando con los libros de Cortázar y Borges.
Las heridas de amor y de guerra quedan hechas cicatrices en la memoria. Cicatrices profundas y doradas, como el hilo de sol que se cuela a través del cielo borrascoso.
No huyas. Y si mañana por la mañana te encuentra el día destemplado, golpeando las zapatillas de correr contra esa calle de tierra embarrada, castigando la respiración desacompasada, humedeciendo los ojos con esa canción desarticulada y pedorra de tarde de románticos, no pasa nada.
Chupáte el caramelo o la mandarina. Saboreá el momento. Recordá el aroma de la piel. Fagocitáte. Deleitáte.
Recordá que un día los dioses llamaron a tu puerta dejándote un millón de posibilidades envueltas en papel aluminio.
Y que con ese beso de despedida sólo perdiste un par.
Patricia Lohin

Anuncios

Pelopincho

69279391_10216857717928734_2644900032641236992_n.jpg

Me arriesgué. Me tiré a la pelopincho con esa malla enteriza que me hace parecer un mamífero marino y encima me olvidé de ponerme los bracitos inflables.
Fué de panza. No te voy a negar, había agua, pero poca.
Terminé con la pera constipada contra mi pecho.
Dolió como la puta madre.
Dolió como un parto, como cuando uno nace. Dolió como la aguja de la inyección subcutánea que te clava la enfermera después de tres golpecitos, y encima te dice “no pasa nada” mientras el lagrimal supura agua salada.
Vos estabas en la reposera amarilla, viéndome caer, llorar, tragar agua y levantarme herida.
Tus ojos pardos más verdes por el sol, lucían divertidos.
Nunca entendí ese masoquismo enquistado, el de querer a alguien pero quererlo mal. El goce de la caída ajena.
Salí de la pileta y me envolví en un toallón animal print, tratando de parecer un bombón asesino y sexy. Te di un beso en la boca, húmedo y lapidario. Sabés que los picos no son lo mío.
Así y todo fue el beso de despedida.
Patricia Lohin

𝑁𝑜𝑟𝑚𝑎 & 𝑅𝑖𝑡𝑎

51a9u3hz8WL
“Soy Johnny y busco a Frankie”.
Ella levantó el papel que se había desprendido de la pared. Tenía el dibujo gastado de la tapa de la película.
Cualquier Johnny que buscara a Frankie tendría al menos cincuenta años.
No eran muchos los hombres solteros de más de cincuenta años en ese pueblo perdido de Santa Fe.
La mañana húmeda y soleada era un concierto de aves que jugaban a las escondidas en las copas de los árboles. El sol estaba en todas partes, una vez descendido y reflejado en el asfalto húmedo de la calle principal, los rayos se eyectaban hacia las paredes gastadas de las cuadras del centro.
Norma no había desayunado, tampoco cenado. Tan sólo medio atado de cigarrillos había en su ser. Entre los dedos atabacados se colaba el vacío existencial.
Llegó a la panadería La Moderna, y sin entrar se quedó sentada en el marco de la ventana. Esperó unos quince minutos hasta que llegó Rita, una mujer mayor, de edad indefinida, con grandes surcos en la cara, como si toda la vida hubiera llovido entre los ojos y la comisura de su boca. A su vez, su frente ancha, era un entramado de letras que conjugaban una especie de poema desconocido.
Rita se acomodó y empezaron a fumar juntas, tirando el humo en dirección a la vereda opuesta.
La frase de los ochenta era que la vida debía estar en otra parte.
A los 90 estaban ocupadas matando domingos amargos mientras el mate se lavaba al costado del río y los chicos volvían a la casa llenos de barro.
En el 2001 vino la crisis, dejaron el amor y la casa para recibir otro amor y otras casas.
Sobre el 2020, los amores habían resultados insípidos y pasajeros, y la única frase que había quedado estampillada en el cordón de la vereda era que la vida debía estar en otra parte.
Pero las vías del tres estaban frías, dormidas y tapadas de malezas. Entonces dieron por sentado que la vida simplemente nunca había ido a recogerlas.
Patricia Lohin
#escritos #blog #poesía #amor #patricialohin #escritores #literatura #libros#escritor #frases #escribir #escritos #poemas #frasesdeamor #autor #amor #letras #textos #sentimientos #versos #reflexiones #leeresvivir #vida #poesía #amoleer #love #escritoresdeinstagram #novela

Situación general del corazón

68834289_10216833642646867_446783113972940800_n

Hoy mis puertas abrieron
al mismo precio dólar
desactualizado del viernes.
Con la misma carga emotiva
con la que se sale a la calle
todos los días.
Con el paraguas
agujereado del todo
para que pase el sol,
la lluvia,
y las piedritas esas
que cayeron sobre la siesta.
Hoy mis puertas abrieron
sin importar
el derrumbe del mercado,
o de las intenciones,
o de las esperanzas.
Por la puerta
entró de todo:
el frío polar
y algunas hojitas nuevas,
menos vos.
Y aunque sé
que por unos días
no puedo salir a comprar
ni vainillas ni chocolinas
para el café con leche
porque dicen no hay precio,
mañana volveré
a abrir las mismas puertas.
Aunque las encuestas digan
que no hay probabilidades,
tal vez uno de estos días
si entrés
y así no todo estará
tan perdido.
Patricia Lohin

𝑫𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒊𝒎𝒑𝒐𝒔𝒊𝒃𝒍𝒆𝒔 (𝒄𝒂𝒓𝒕𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒓)

0004

Hola hermosa:

Te escribo un domingo de invierno, aquí sentado en un rincón del patio luego de terminar de cortar el pasto. Estoy sólo, inmerso en una soledad que cala tan hondo como el frío. Los árboles frutales y añejos me miran desnudos con tristeza y consternación. En el medio ha quedado la pileta hasta la mitad de agua, esperando que llegue el calor.

Sí, ya sé que estás pensando. Es domingo, la familia hace otras cosas en el interior de la casa, y para vos el domingo era el maldito día en el que yo no te amaba. Qué equivocada estabas! Si hubieras sabido que era el día que más necesitaba de vos como mi eje invisible, mi sostén, mi amor. Seguramente te amé de la manera más egoísta y cobarde que pueda ofrecer un hombre.

Si vos sentiste que yo no te amaba, yo sentí que me soltaste la mano con tu ausencia determinada.

Todos los escollos que no pude sortear, todas las puertas que no me atreví a abrir son un gran interrogante en mi vida.

Hoy que estoy acá sentado, tratando de captar en el aire el perfume de tu pelo enrulado, el olor de tu piel, el brillo de tus ojos cuando me miraban, la arruga en tu frente cuando te enojabas; me pregunto qué haría en este momento si tuviese la posibilidad de volver atrás, qué hubiera pasado si la decisión era otra, qué si me sostenías un poco más, qué si me animaba. Para vos el tiempo era mucho, mucho esperar; siempre manejamos distintos tiempos.

Soy feliz, como quien es feliz viendo la corriente del agua en el río pasar sin mojarse los pies. Hay fines de semana en los que si estoy en casa me pierdo en las anécdotas de mi hija, en sus preguntas raras, ahora que entró en la juventud y quiere saber cuántas veces me enamoré… y sale tu nombre desde la garganta y muere en el borde de mis labios, los labios con los que te amé desde la punta del dedo gordo hasta tu ombligo.

La culpa a veces es una amiga que se levanta conmigo en las mañanas, y viene a acostarse conmigo por las noches, no sin antes hacer un nudo en la punta de la sábana de mi pequeña, quien no me ha visto en todo el día.

Hago un nudo en su sábana y hago un nudo en mi memoria, mi memoria que está atada a la tuya, con miles de eslabones confeccionados con algún material que desconocemos. Quiero volver y espiar qué hubiese pasado, quiero espiarnos a nosotros, diariamente discutiendo por boludeces y amándonos en quinta, al máximo, con la intensidad de la naturaleza cuando se enoja.

Antes de dormir me pierdo en los libros que íbamos a leer juntos, tal vez la respuesta esté en algunos de éstos.

Es domingo y te amo; aunque ya no tenga derecho a decirlo.

Tuyo siempre.

Patricia Lohin

Heridas

fireflies-in-action

Había una vez un hada chiquita que haciendo tonterías se lastimó el dedo chiquito del pié.
Tan grande fue la herida, que nunca cerró.
El hada se hizo grande, dejó brillos y purpurinas, se puso la ropa que la vida le dió: una especie de mameluco beige sin alas, una gorra sin estrellitas, unos anteojos color pardos, un cinturón negro y unas zapatillas color amarillas que gastó yendo de acá para allá.
En su mochila había una de estas redes para cazar mariposas.
En el tiempo libre se escapaba al bosque, y si era de día atrapaba mariposas blancas apenas por unos segundos y las dejaba ir. En las noches de verano, caían en la red luciérnagas y otros bichitos luminosos que se le metían en el ojo cuando acercaba su cara.
Iban y venían: mariposas, luciérnagas, vaquitas de San Antonio, amores, hijos, mascotas, canciones de cuna, amigos. Cada uno llegaba con el pasaje de vuelta en la mano.
Y cada vez que alguien partía, la herida del dedo chiquito del pié supuraba tristezas.
Tengo una herida en el dedo chiquito del pié. Nunca dejó de doler. Me la hice cuando tenía uno o dos años.
En las siestas del invierno y noches de verano hago amores, hijos, amigos. Pero vienen con el pasaje de vuelta en la mano.
Patricia Lohin
Foto El santuario de las Luciérnagas
#escritos #blog #poesía #amor #patricialohin #escritores #literatura #libros#escritor #frases #escribir #escritos #poemas #frasesdeamor #autor #amor #letras #textos #sentimientos #versos #reflexiones #leeresvivir #vida #poesía #amoleer #love #escritoresdeinstagram #novela

67702755_10216784863867428_6304962280576516096_n

Porque te conozco tanto
sé con qué jugos se cuecen tus carnes,
y lo que pensás
mientras mordés tu labio inferior
y tus ojos rejuvenecen
en una fracción de segundo.
Sé la música que ponés
al volver del trabajo
mientras sorteás obstáculos
en una avenida
en donde algunos jacarandás
se recuestan sobre las veredas
y los edificios del centro
besan las nubes
del cielo encapotado.
Conozco de memoria
la remera que te acaricia
por las noches,
y el libro que descansa
sobre la mesa de luz,
esperando a que yo llegue
y en puntas de pie,
humedezca mi dedo índice
y pase una hoja tras otra
leyendo entre líneas
cómo hacerte el amor,
dulcemente o salvajemente
entre esas sábanas blancas de algodón
que acabarán
suicidadas en el piso
y totalmente arrugadas.
Porque te conozco tanto
sé a qué hora mirar el reloj
para adivinarte con hambre y sedienta
hurgando en la heladera
las caricias que no te llegan.
Patricia Lohin
Foto © Ken Schles
#escritos #blog #poesía #amor #patricialohin #escritores #literatura #libros#escritor #frases #escribir #escritos #poemas #frasesdeamor #autor #amor #letras #textos #sentimientos #versos #reflexiones #leeresvivir #vida #poesía #amoleer #love #escritoresdeinstagram #novela